miércoles, 29 de enero de 2014

HISTORIA DEL MOVIMIENTO IV

 EL S. XVIII.

Ya en las postrimerías del reinado de Luis XIV. empezó a delinearse una reacción al fasto recargado del barroco; todas las artes se ennoblecieron, languidecieron y perdiendo en potencia 'y profundidad se volvieron un poco amaneradas y remilgadas.

Los pintores prefirieron las tintas delicadas y los temas pastoriles ; los muebles se cubrieron de flores lacadas ; en las habitaciones prevalecieron los tonos claros y dorados y las mujeres se adornaron con cintas, encajes, perifollos y flores. La danza siguió la tendencia general ya la solemnidad majestuosa de las viejas danzas de corte ya su ceremonial demasiado severo, empezaron a preferirse danzas nuevas más graciosas, como el minué, la gavota y el passé pied.

El minué, como indica su nombre que proviene de menú, pequeño, se componía de pequeños pasos y procedía del Poitou ; originariamente era una danza campesina, no carente de una propia nobleza, sencilla y alegre, pero introducida en la corte de Luis XIV se volvió más lujosa y señorial, si bien continuó siendo la más donosa de todas las danzas practicadas a la sazón.



Parece que se debe al maestro de danza Pécour el hecho de que el minué reconquistase su primitiva elegancia y fuese acogido con entusiasmo por toda la sociedad parisién. Bajo el reinado de Luis XIV vino a ser la danza preferida y alcanzó su forma definitiva. Se bailaba por parejas sobre un movimiento moderado a tres tiempos; el paso era sencillo y trazaba una figura que en los primeros tiempos era una S y después, según la modificación de Pécour, una Z (que daba a la dama la posibilidad de mostrar su gracia al moverse, mientras con una mano sostenía el abanico y con la otra un pliegue del amplísimo traje. Fáciles y menudos pasos, saludos y reverencias del minué resultaban tan adaptados a las gracias empolvadas ya las ingenuas pelucas de la época que han permanecido casi como símbolo del frívolo y amanerado siglo XVIII.


La gavota, que nos retrotraía al siglo XVI y recordaba en la vivacidad los viejos branles franceses, se convirtió en el siglo XVIII en halagadora y resbaladiza y más bien similar al minué. El movimiento era moderado y el ritmo binario. Desertó de los salones para aparecer en los escenarios de los teatros, pero fue puesta de moda, como danza de sociedad, por María Antonieta.

Las gavotas de aquella época, tiernas y graciosas, tienen muchos puntos de contacto con el minué. En efecto, en su Historia de la danza, escribe Fertiault que la gavota era «hija docta y agradable del minué, a veces alegre, pero con frecuencia lenta y tierna» y que en ella, damas y caballeros cambiaban entre sí besos y flores.


Volvió a estar de moda después del terror y se convirtió en la danza preferida de las merveilleuses (I). Durante el Directorio sus tres pasos fundamentales habían vuelto a ser si milares a los del viejo e ingenuo branIe. Después de un breve periodo de éxito volvió a la provincia.



También el passé pied ya difundido antes, continuó en boga; era una danza más vivaz y rápida que el minué y los danzadores podían demostrar su habilidad cruzando y recruzando rápidamente los pies, uno sobre el otro.



Hacia la mitad del siglo, el maestro de baile Rameau, que no debe ser confundido con el compositor homónimo, introdujo en las danzas de escena la contradanza, de origen inglés y campesino, como lo indica su mismo nombre, que deriva de country dance ( country = campo), la cual pasó muy pronto a figurar también como danza de salón. Se bailaba, poco más o menos, como la cuadrilla y llevaba a los formularios bailes de corte un poco de gracia rústica. En Francia tomó el nombre de contre, para indicar la posición de los bailarines, colocados por parejas, uno frente al otro y se difundió por todas partes, combinándose con las danzas locales.



En el siglo XVIII alcanzaron también gran boga los bailes que se celebraban en la Opéra (I), inaugurados en el siglo anterior, durante los primeros días de la Regencia (1643); fueron acogidos con tal entusiasmo que se hicieron frecuentísimos, hasta el punto de que durante los carnavales se daban tres por semana. La orquesta estaba formada por treinta instrumentos, divididos en dos grupos de quince, uno en cada extremo de la sala de baile ; dos buffets, bien provistos, separaban los palcos, lujosamente ornamentados e iluminados, de la escena. Luis XVI y María Antonieta se divertían en participar de vez en cuando, de incógnito, permaneciendo anónimos bajo la máscara y el dominó.



De los maestros de danza y coreógrafos cuya obra influyó sobre el desenvolvimiento de la ópera ballet y del ballet, nos ocuparemos aparte; aquí mencionaremos solamente a Jean BaIon (o Ballon), maestro de Luis XV ya Marcel.



El profesor Marcel (?1759), adscrito a la Académie royale de musique desde 1710, recibía a sus discípulos, grandes señores y damas de corte que acudían desde todos los puntos de Europa, en su lujosísima mansión y hacía pagar sus lecciones a precios prohibitivos : desde una pequeña reverencia que costaba 6 francos, hasta los minués para bailar en las fiestas de gala, que costaban 300.



La danza de sociedad así concebida se convirtió en un ejercicio fatigoso y difícil, casi como una danza de escena, por lo que la contradanza campestre perdió parte de su fresca ingenuidad a causa de las complicaciones de los pasos.



 Hasta después de mediado el siglo XVIII, exceptuando las fiestas de corte y las privadas que celebraban la nobleza y los potentados parisienses y los bailes de la Opera, no había posibilidad de bailar si no en el campo, bajo algún parral o en las hosterías, pero hacia 1770 las salas y lugares de reunión para bailar, empezaron a ser abiertas en gran número en todas las capitales y en particular en Viena y en París, cuyo primer lugar de reunión para baile público fue el gran prado de Passy, abierto en 1774 y bautizado con el nombre de Ranelagh. Frecuentado por la sociedad más elegante, fue clausurado durante la Revolución y reabierto en 1796.



Fueron éstos los mejores años, cuando tomaban parte en las danzas Madame de Récamier y Madame de Tallien, vestidas al modo griego y rodeadas de un numeroso séquito. El Ranelagh entró en decadencia cuando el ferrocarril de Auteuil, hizo posible el acceso a las clases que carecían de carruaje propio ; entonces la aristocracia abandonó el Ranelagh y éste se convirtió en lugar de reunión para bailes populares.



Ni siquiera la Revolución tuvo a menos la danza: todavía chorreaba sangre la guillotina, cuando volvieron a estar en auge las danzas ambulatorias, en las que tomaban parte también los actores de la Opera, junto al pueblo que cantaba y danzaba libremente. La más importante fue la dedicada al Ser Supremo, dirigida por Robespierre, de carácter semiclásico. En aquella época se abrieron no menos de veintitrés teatros y un número increíble de salas de baile.



El padre Mercier refiere amargamente que se organizaban Bals a la pictime, en los cuales participaban solamente aquellas personas que, mediante un certificado, podían demostrar que habían perdido al padre, al marido o cualquier otro pariente próximo. Se bailaba en todas partes, en las iglesias, sobre las tumbas, en los conventos y en las plazas donde poco antes se alzaba el patíbulo. «Eran bailes para todas las clases; bailar es quizá una manera de olvidar). El pueblo bailaba la carmagnole en torno al árbol de la libertad.

Por lo demás, esta diversión no estaba di fundida solamente en Francia, sino en toda Europa y vino a ser patrimonio común de todas las clases sociales.




 La evolución que  experimentó más tarde en el siglo siguiente y que le hizo perder el carácter de danza figurada que había tenido durante siglos, fue lógica y natural; el baile se hizo ágil, se simplificó y ya no necesitó ni estudio, ni maestros ni dotes excepcionales, sino solamente oídos y una cierta inclinación natural; en una palabra, se convirtió en diversión al alcance de todos.




Las danzas en el siglo XIX


Después de la Revolución y de la difusión enorme de la danza en todos los estamentos sociales, decaídas las figuras fijas practicadas según un esquema preestablecido, formas fáciles y libres las sustituyeron: pasos sencillos y giros vertiginosos, fueron practicados sobre ritmos fuertemente marcados por parejas estrechamente abrazadas.



La única danza figurada que resistió en el siglo XIX fue la contradanza, bajo la variación llamada cuadrilla, todavía en uso en Italia a principios del siglo XX, pero el triunfador fue el vals, muy parecido, en la descripción que ThoinotArbeau hace en su Orchésographie ya mencionada, a la volta, definida por el autor saltatio duorum in gyrum. También otro francés, CatilBlaze, asegura que «el vals por nos otros tomado de los alemanes en 1795, era desde hacía cuatrocientos años una danza francesa), pero ciertamente la boga comenzó con el liindler, especie de vals lento llevado a la celebridad por Joseph Lanner (véase Música ligera). Esta danza estaba ya muy difundida en las regiones de la Alemania central y de Austria cuando los Strauss se apoderaron de ella y vigorizando y acelerando el ritmo, la transformaron en el vals vienés que como una irresistible marea se extendió primero sobre Viena y después sobre toda Europa, a pesar de las críticas y de las reseñas morales de una parte de la sociedad.


También el galop, originario de los países germánicos" en dos tiempos y de movimiento veloz, estuvo muy en boga después de 1815. junto a la cuadrilla, pero hacia 1840 ya había decaído y estaba relegado casi exclusivamente a los bailes de Carnaval. Sin embargo, la estrella del vals pareció palidecer cuando una nueva danza, la polka, apareció para disputarle la primacía.



Importada a París por fugitivos polacos, junto con las propias danzas nacionales, ésta. de origen bohemio, entusiasmó al instante al pueblo ya la burguesía y en poco tiempo llegó a vencer a los aristócratas que se mostraban reacios. A partir del momento en que una duquesa le abrió sus salones, la polka prevaleció por algún tiempo sobre todos los demás bailes, originando incluso ridículos episodios de fanatismo.


Varios maestros se disputaron el honor de introducir en París la nueva danza, entre los cuales se hicieron famosos Cellarius Markowski y Laborde. irreconciliables rivales. Periódicos, revistas y opúsculos hablaban de la polka y de sus diversas escuelas y se censuraba el estilo cerrado, porque en lugar de dejar a esta danza «su simplicidad nacional y su gracia de origen), trataba a toda costa de convertirla en (Una danza convulsa, peligrosa para las articulaciones de los que la bailaban y para las partes sensibles de los espectadores).



Al principio fue ejecutada con figuras; después de algunos pasos, los danzadores se se paraban, luego se aproximaban con las manos sobre las caderas y alguna vez giraban pasando uno bajo el brazo del otro (Desrat), pero después este estilo fue abandonado y prevaleció el de danzar por parejas enlazadas, el brazo derecho del caballero en torno al talle de la dama, el brazo izquierdo de ésta apoyado sobre la espalda de él y las manos libres de ambos, cogidas como en el vals.



La mazurca, de origen polaco, tenía un carácter atrevido y provocador y un ritmo muy incisivo, que los bailarines marcaban con golpes de tacón. Convertida en baile de sociedad, en el siglo XIX, conservó su carácter vivaz y adquirió un aire un poco popular. Todavía la bailan hoy los campesinos del Piamonte, que alternan menudos pasos con giros vertiginosos.

La polonesa se supone que en su origen pudo ser una procesión grave y solemne acompaña da de música, como la que tuvo lugar en 1574 ante el rey Enrique III elegido al trono de Polonia, en la que desfilaron los nobles para rendir homenaje al soberano. En los siglos posteriores fue alguna vez acompañada de palabras, celebrando los fastos políticos del país, como ocurrió en la Polonesa de Kosciuszko, dedicada al célebre patriota y general polaco en 1792, pero después se transformó lentamente en una marcha destinada a abrir las danzas de la corte y de la nobleza.

A mediados del siglo XIX se había reducido a un simple paseo que Liszt describe así: «Era un desfile en el que, podríamos decir, la totalidad de los danzantes formaba la rueda y se complacía en la propia admiración viéndose tan bella, noble, fastuosa y cortesana.)

Chopin no se inspiró ciertamente en estas palabras, para componer sus polonesas, sino más bien en las de Wickiewicz que describe la cadena de los danzadores como «una enorme serpiente que ondula en millares de anillos. ..La danza se arremolina, la música es tonante y los aplausos y los vítores resuenan estruendosos. ..). En los tiempos de \Chopin ya no se practicaba el desfile y la polonesa despojada de toda grandeza, se había hecho familiar e íntima.



Hacia finales del siglo estuvo en boga el boston, una especie .de vals lento y el scottish, de origen escocés e hizo su aparición el frenético cancan, que solamente se bailó en la es cena, por ágiles y osadas profesionales, inmortalizadas por el trazo nervioso y satírico de ToulouseLautrec.

Durante la Restauración volvieron a celebrarse los grandes bailes de la Opera, que continuaron bajo el Imperio y la República. Todas las cortes y las casas aristocráticas y ricas de Europa siguieron cultivando la tradición de los suntuosos bailes privados.




La danza en el siglo XX


El cambio de las costumbres y del gusto que se produjeron a fines del siglo XIX y se acentuaron en el XX, influyó naturalmente también sobre la danza. La polka, el vals y la mazurka permanecieron en el repertorio de las orquestinas de baile pero otras danzas alcanzaron explosivo éxito. como el tango de ritmo binario y movimiento lento. de carácter lánguido y sensual. Esta danza. procedente de la Argentina. fue acogida. al principio. en los escenarios de variedades. pero entró también muy pronto en las salas de baile. donde compartió el éxito con otras danzas que cada año aportaban ritmos nuevos a los apasionados del arte de Terpsícore : el double y triple boston. la machicha. el onestep y el twostep. primera vanguardia de las danzas americanas que invadieron Europa después de la Primera Guerra Mundial.

Durante la guerra se desarrolló en los Estados Unidos de América el jazz que provocó el nacimiento de bailes completamente nuevos. inspirados. como la música. en los pasos y los ritmos sincopados de los negros de América.

El primero fue el foxtrott en ritmo binario y allegro, al que siguieron el shimmy (1922). el endiablado charlestón (f926). el blackbot tom, sobre el ritmo del foxtrott. pero de movimiento más lento y muchísimos blues pa téticos y sollozantes y otros bailes que alcanza ron enorme favor. pero tuvieron vida efímera. como el cakewalk, el lambethwalk, el banana's slide, etc. \


A imitación de la música de los negros establecidos en los Estados Unidos. se desarrolló también la de los negros de las Antillas. que había adoptado una armonía más europea complicada con los ritmos africanos e indígenas. Las nuevas danzas que surgieron de la compleja elaboración. alcanzaron gran éxito en Amé rica e inmediatamente también en Eúropa y fueron una variada especie de rumbas y cariocas.




Después de la Segunda Guerra Mundial. los ritmos que llegaron de América acompañados de las orquestinas de jazz llamadas jazz bands, se hicieron cada vez más convulsivos : el boogiewoogie importado por los soldados americanos. blancos y negros. exigía tales evoluciones. saltos y sacudidas que solamente podía ser bailado por jovencísimos y bien adiestrados bailarines.



A éste siguieron el bebop, también muy complicado y otros más fáciles y agradables como las sambas y mambos mexicanos y las beguines y boleros  todos más o menos figurados, pero que raramente son danzados según las reglas de la edición original.

Entre las últimas danzas señalaremos todavía el chachacha y el rock and roll, ambos, como se advierte por sus nombres, importados de diversos puntos del continente americano; el hulligulli, el twist, el shake y el womwom. Característica común a estos bailes de salón. es el ritmo frenético y las posiciones de los bailarines, que realizan figuras y pasos sin cogerse uno a otro, como por ejemplo, en el vals, sino separados y relativamente independientes entre sí.

Conviene hacer observar que todas o casi todas estas danzas, en sus numerosísimas versiones musicales, van acompañadas por el canto; son las canciones bailables que por medio del disco, la radio, la televisión y el cinema han penetrado en los más remotos lugares del mundo, conquistando una popularidad de la que tal vez no gozó nunca ningún otro género musical.


El ciclo iniciado con las canciones para bailar de los siglos X111XIV, se ha cerrado así con un retorno al uso antiguo, después de un periodo en el que la música para la danza de sociedad había sido casi exclusivamente instrumental. (1) Este titulado .bolero., en compás de 4 por 4 y el llamado .bolero rítmico., también binario, pero más rápido, no deben ser confundidos con el gracioso y majestuoso bolero español, en compás de 3 por 4. El bolero de importación fue sustituido después por el lowrock. 




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