miércoles, 30 de octubre de 2013

HISTORIA DEL MOVIMIENTO II

LA DANZA ENTRE LOS ROMANOS



En la larga historia de los romanos se tienen que diferenciar tres períodos por lo que hace referencia a la danza: monarquía, la república y el imperio.

Bajo la monarquía del siglo VIII al VI a.C. Roma estaba dominada por los etruscos y fue cuando además se introdujeron la mayoría de los ritmos religiosos, danzas de origen agrario pero cuyo sentido original se había perdido: ritos de los Ipercos, de los Arvalos, y los Silenios.

Los autores latinos nos describen las costumbres de los Silenios con detalle. Estos ritos consistían en danzas con armas y que se celebraban en otoño y eran celebradas de una manera inferior. Para la primavera celebrarlas de una manera más brillante en honor a su Dios Marte.

Su danza era un "tripudium" (danza de tres tiempos) que ellos median cantando, pero sobre todo golpeando su escudo con sus armas.

Era una costumbre muy antigua: los coretas griegos actuaban de forma similar para. atraer la atención de Zeus.

La religión de los Silenios podemos ver que tuvo una evolución muy parecida a las anteriores religiones. Primero sus danzas eran dedicadas a sus dioses, para posteriormente ir degenerando hacia el final del imperio y llegar a olvidar completa mente el sentido con que habían nacido.

Según Tito Livio, desde el año 390 a.C. los laudiones participaban en los juegos escénicos.

Desde el inicio de la república, la in fluencia helenística fue preponderante a Roma en todo lo que hace referencia a sus danzas. Los orígenes religiosos de sus danzas habían quedado totalmente olvidados, no se trataba ya más que de un arte placentero.

Bajo el imperio, la danza recobró el interés general, la practicaban incluso da mas de alta condición social. Pero fue en los juegos circenses donde triunfó. Rápidamente las pantomimas se convirtieron en espectáculos grotescos, pues la mímica predominó sobre la danza. ,

También las danzas de banquete tenían con mayor frecuencia un carácter más de indecencia que de danza. Eran bailad as sobre todo por cortesanas entre las cuales había un buen número de mujeres sirias y africanas que habían sido traídas como botín de sus conquistas. Así la pintura de Pompeya del museo de Nápoles que representa una danzarina desnuda y también la narración de Tácito sobre una danza lúbrica de la vendimia, ejecutada por Mesalina y sus compañeras de orgía corresponden a este carácter .



Estamos muy lejos del culto original de Dionisos, dios de la fertilidad, y se comprenden las prohibiciones lanzadas contra la danza por los padres de la Iglesia, prohibiciones que harán sentir su peso durante toda la edad Media.






La Danza en la Edad Media


INTRODUCCIÓN

Alrededor del año 100, los escritores latinos celebraban unánimes la grandeza del imperio. Setenta años más tarde, Odoacro se proclamaba rey de Roma, poniendo oficialmente fin al Imperio Romano de Occidente. Empieza entonces para Europa un largo período que abarcará unos mil años y en el que se gestará, madurará y alcanzará su plenitud la sociedad feudal. Esta sociedad entra luego en una profunda crisis que, coincidiendo con el fin de la Edad Media, terminará por su destrucción dando lugar a la moderna civilización occidental.
Del siglo V al X la ruina del Imperio Romano provoca un retroceso cultura! y material. Multitud de pueblos invasores derriban y destruyen el exhausto Imperio de Occidente. La sociedad deriva hacia una economía de subsistencia. La célula económica fundamental se concentra en la tierra. La violencia general y la ausencia de una autoridad ponen en marcha el mecanismo del vasallaje. La decadencia de las ciudades se acentúa y es en este momento de retroceso general cuando la iglesia aparece como el único estamento interesado en salvar y mantener un mínimo nivel cultural. En esta época el gran instrumento eclesiástico es el monaquismo.
La unidad conseguida por Carlomagno no puede ser mantenida por sus sucesores. Surgen nuevas invasiones bárbaras: los musulmanes y los normandos. La desaparición de un poder central comporta la definitiva aparición de poderes territoriales. Se puede decir que en el año 1.000 el sistema feudal ha alcanzado su mayoría de edad en las regiones más importantes de Europa.
A partir del primer cuarto del siglo X N todo este sistema entra en una grave crisis. La guerra se hace endémica, la economía sufre una fuerte contracción, la expansión agraria ha llegado a su límite para la técnica de la época, y pronto la producción no alcanza a una superpoblación subalimentada. Al caos de la guerra se unen violentos disturbios urbanos y desórdenes rurales. La peste cae como un rayo sobre Europa barriéndola de punta a punta. En el próximo Oriente aparece un nuevo y serio peligro: la formación del imperio Otomano.
Todo ello es acompañado de un profundo desequilibrio y crisis espiritual. El hombre medieval ve tambalearse la institución más sólida que le guiaba en el mundo, y al lado de un incipiente humanismo proliferan las tendencias místicas y mesiánicas y surgen nuevas herejías.



Así podemos decir, de forma muy esquemática, que la Historia de la Edad Media es la historia de dos instituciones, Feudalismo e Iglesia. Para entenderla mentalidad del hombre medieval es fundamenta! tener presente que ambas instituciones enmarca ron de forma absolutamente rígida y sin fisuras a la sociedad, hecho que no debe olvidarse al enjuiciar cualquiera de sus manifestaciones intelectuales o artísticas.



IGLESIA y DANZA

En sus orígenes la Iglesia se vio reducida a las catacumbas, y el arte que se dará en ellas estará lleno de elementos iconográficos paganos adaptados a la ideología cristiana. Respecto a la danza sucede lo mismo, por lo que los padres de la Iglesia serán, en un principio, reaccionarios a ella.

Pero en el siglo IV , con el reconocimiento del cristianismo y su proclamación como culto oficial del Estado, la Iglesia cambiará de actitud. Aparecen las primeras iglesias cristianas y se permitirá bailar dentro y fuera de ellas. Se aceptará la danza como una de las formas de expresión del creyente, a la que la iglesia concederá especial atención.
Así, San Agustín dice: "Si no puede expresar con palabras lo inefable y no puedes callar ¿qué vas a hacer sino jubilar (cantar y bailar), para que tu corazón se alegre sin palabras y para que la inmensidad de tu alegría no se encuentre limitada por las sílabas?"
La Iglesia es consciente de dos hechos: de un lado la imposibilidad de eliminar la supervivencia de la tradición y las costumbres paganas; de otro, el gran poder de estimular, persuadir y suscitar emociones colectivas de la danza en beneficio propio. Decide utilizar la música y la danza. Por ejemplo, San Gregorio Nazareno recomienda a los misioneros enviados a la Gran Bretaña respetar las costumbres autóctonas y, entre ellas, las danzas. En una carta que escribió al emperador Juliano afirma: "Si te gusta bailar, danza tanto como quieras, yo consiento. Pero ¿por qué volver a revalorizar las danzas disueltas en la barbarie de los paganos? Ejecuta primero la danza del rey David delante del Arca, estos ejercicios son dignos de un emperador y de un cristiano".
Pero poco a poco, la danza en la Iglesia fue degenerando. Los juglares y bailarines profesionales sustituyeron a los fieles en los cánticos bailables y en las escenas de mimo del Nuevo Testamento. En realidad, la jerarquía eclesiástica, aunque procuró que tanto los dioses y héroes paganos se convirtieran en santos, así como también cristianizar las fiestas paganas, siempre sospechó que el baile mantenía prácticas paganas. Pronto la Iglesia empezó a tomar medidas encaminadas a prohibir la danza. En los Concilios de Jaodicea (375) y Agda (505) se ordena al clero que no asista a aquellas partes de las bodas en que la gente se entrega a danzas y cantos indecentes. En el siglo VII, San Eloy ordena que nadie de su feligresía practique en las fiestas de San Juan o bien otras, cualquier tipo de danzas, saltatoria (danza saltada, reminiscencia de saltasello romano ), rondas y cantos diabólicos. En la Decretal del Papa Zacarías (774) "contra los movimientos indecentes de la danza o carola" y en la homilía del Papa León V, quién condenó en 847 "Ios cantos y carolas de las mujeres en la Iglesia" puede comprobarse igualmente esta tendencia de oposición frente a la danza. A fines del siglo XII, las constituciones sino dales del obispo de París, Odón, prescriben a los clérigos que prohiban las "Choreae", sobre todo en tres lugares: iglesias, cementerios y procesiones. La insistencia de las condenas demuestra la persistencia y arraigo de las costumbres, por lo que las desaprobaciones se prolongaron en los Con cilios de Avignon (1201), París (1212) y, ya entrado el siglo XV , en el Concilio de Sens.
Pese a la severidad de las prohibiciones eclesiásticas, la realidad fue que, en la práctica, distaron mucho de imponerse de forma total y absoluta. Así, pese a la expresa prohibición del obispo Odón, persistió en París la costumbre de comprar el jamón de Pascua y comerlo dentro de Nótre Dame. A continuación, se ejecutaban danzas populares.



Tampoco la prohibición extendida a los claustros tuvo mucho éxito. Delante de la iglesia o en su pórtico nacerá un género de música cantable y bailable cultivado por los peregrinos. Es el caso de Montserrat (Virolai, ballrodó ), cuya música se conserva en el famoso Ubre Vermell del Monasterio.
Las excepciones referentes a las imprecaciones de la Iglesia contra la danza en el ritual eclesiástico, las encontramos precisamente en España. Los clérigos podían abrir las procesiones con danzas (influencia de "Hennula Cervula" romana), como en el Corpus Christi. En Sevilla, en la misma festividad, y proveniente del rito mozárabe todavía se ejecuta la danza llamada de "Ios seises", bailada por seis niños alrededor de la custodia. Según el ritual de San Isidoro, adoptado por el Concilio de Toledo (siglo VII), se ejecutaban danzas rítmicas con el ritmo marcado por el son de tambores.
Pero aún teniendo en cuenta algunas excepciones, el recelo y oposición de la Iglesia hacia la belleza y las artes en general y hacia el drama y la danza en particular por ver en ellos una estrecha vinculación con las culturas paganas, con su consiguiente riesgo de idolatría, hace que se pierda el papel sagrado de la danza y del teatro que existía en las culturas precedentes. A partir de la Edad Media, la finalidad de ambos será el espectáculo y puro divertimento, única forma que conoce actual mente el mundo occidental.
 


DANZAS DE LA MUERTE

En Grecia, cuando un hombre moría, se bailaba en corro junto a su cuerpo para marcar su paso a la otra vida sin peligro. Los cristianos recogieron esta tradición interpretando un baile funeral para celebrar el "nacimiento" a la vida eterna. Se creía que el difunto se uniría a la multitud de ángeles que con movimientos circulares glorificaban al Creador, por lo que la danza se convierte así en símbolo de comunicación entre vivos y muertos.
La Edad Media prestó además mucha importancia a una cualidad de la muerte: su poder igualador para todas las jerarquías sociales; es decir , del triunfo absoluto de la igualdad frente a la muerte.
Existe cierta confusión en torno a las expresiones "danza de la muerte" y "danza macabra". Según algunos autores, la "danza macabra" es la danza jugada y bailada, mientras que la "danza de la muerte" sería su representación plástica (pinturas o grabados). Hay varias teorías sobre el origen y etimología del término "macabro". Para unos, derivaría de la palabra árabe "makhabar", cementerio.



 Para otros, de cierto trobador llamado "Macabre" o "Macabrus", cuyos restos fueron acompañados de danzas en su traslado de Italia a Colonia. Otra versión señala su origen en el término alemán "Lehn Macheria", que significa "muralla"'. Una cuarta hipótesis sostiene que la palabra "macabro" provenga del inglés "makebreak", "romperse", "quebrarse", "decaer". Estas danzas eran representadas en cementerios. Un escritor del siglo XII, Giraldus Cambrensis, nos hace una descripción de éstas en su "Itinerarium Cam briae": "... Ya en el cementerio, la danza se realiza alrededor del camposanto. Se ven hombres y mujeres que cantan, saltan y, como en trance, caen al suelo".



LOS JUGLARES

Descendientes de los "histrionis" de la decadente Roma, el juglar, vagabundo incansable y combinación de danzarín, cantor, poeta, músico y actor, todo ello a sueldo, errando de un lugar a otro con sus juglarías, danzas y acrobacias, es un personaje paradigmático de la Edad Media. Su importancia es vital como transmisor de las tradiciones de un país a otro, dando a conocer las danzas de la Antigüedad clásica a la Europa medieval.
En la danza juglaresca se dio mucha importancia al gesto, que se realizaba con las manos. Un poema germano del siglo XI, el Lai de Rudlieb (equivalente a las canciones de gesta latinas), ensalza los distintos gestos de las manos de los juglares, y en el manuscrito de Manesse, en Heidelberg, se pintan expresivas danzas de manos.
A partir del siglo IX se unirán los poetas y cantores de las cortes en los juglares populares, que hasta entonces habían permanecido separados. Ya en la Baja Edad Media, habrá que distinguir al trovador (generalmente noble ), que se dedica a la poesía por afición, del juglar, que lo hace bajo una remuneración.
El gran mérito del juglar fue hacer la danza más subjetiva y personal, y al secularizarla, junto con la música, convirtió a ambas en una profesión. Y así, el antiguo juglar de danza se convertirá en el Renacimiento en el "baladin" o maestro de danzas de las cortes.


DANZA POPULAR

Pese a todos los horrores y calamidades que la Edad Media hubo de contemplar, parece que la gente no dejó de bailar, sino que por el contrario la danza se configuró como un importante elemento de expresión social.
En general, puede decirse que por bárbaros que fuesen los pueblos invasores no hubo ninguno que no tuviera un tipo y otro de expresión festiva popular. Los pueblos germanos, que fueron quienes se instalaron definitivamente en los territorios del extinguido imperio, eran tribus poco cultivadas, pero que indudablemente tenía una poesía comunitaria: fórmulas rituales, conjuros, adivinanzas, máximas y una pequeña lírica social, es decir, canciones de danza y trabajo.
Dentro del área francesa, tenemos el caso de los druidas, los cuales cantaban con sus liras a sus héroes y bailaban en círculos alrededor de la encina totérnica. Se cree que algo parecido harían todos los germanos y una supervivencia de esta tradición podrían estar en la danza medievalllarnada "danza de los magos", que se celebraba en algunos países europeos el primer día de mayo: un círculo de jóvenes de ambos sexos bailaba alrededor de un palo largo plantado en el suelo.
Respecto al área goda, tenemos información sobre los godos españoles. Según San Isidoro, "distinguíanse por su glotonería y embriaguez, por su afición a la riqueza de vajillas y muebles, por su avaricia, su rapacidad, su traición, su afición a las queridas y al juego, por el derroche de lujo con el que celebraban bailes, cantos y banquetes".
Jovellanos, comentando ciertas costumbres asturianas, explica cómo los movimientos de una danza conocida como "danza de espadas", terminan en una rueda en la que los danzantes forman con sus espadas la figura de un escudo, en la cual se sube el guía de la danza al tiempo que efectúa con su espada movimientos de desafío en las cuatro direcciones a unos supuestos e invisibles enemigos.

Para Jovellanos, esta danza no sería ni más ni menos que la ceremonia que acompañaba a la coronación de los reyes visigodos.
Las ferias y las fiestas medievales, aunque conservando un elevado contenido religioso, serán el punto de convergencia de las gentes donde se permitirá cierta liberalidad, dentro del rígido orden e ideología oficiales. En las plazas se realizarán espectáculos callejeros (teatro, danza, festines), con abundante participación de mimos, cantores y danzarinas/actrices.
El Carnaval fue la fiesta por excelencia de la Edad media. Su origen se remonta a la Antigüedad (Saturnales romanas). El consumo de carne era autorizado, pues luego venía la Cuaresma, período de rígida abstinencia. Se organizaban danzas y mascara das; personajes tales como: bufones, enanos, gigantes, monstruos, payasos, integraban la cultura cómica de la Edad Media. Tenemos numerosos testimonios escritos, entre ellos cabe destacar "Don Carnal, don Amor y la derrota de Doña Cuaresma", del Arcipreste de Hita.
Otra fiesta importante fue la llamada "del vino" .La vendimia era una actividad sumamente importante, a la que solía acudir todo el mundo, y no era raro que durante su celebración se paralizaran los tribunales y la administración pública. En ella, se comía y se bebía mucho, terminando en alegres danzas
En general, en todo el ámbito de lo que hoy es Europa, puede decirse que en la Edad Media se diferenciaron y tomaron cuerpo las danzas europeas, muchas de ellas tras una lenta evolución que venía de la Antigüedad. Tal es el caso de las "pumanieskas" rumanas, de las "csardas" magiares, de las "mazurkas" polacas, de los bailes Cosacos y los "golubey" rusos, de los "minuet" bohemios más tarde, danzas cortesanas. y la popular "tarantela" napolitana. La "giga" inglesa y casi todas las danzas escocesas son igualmente de origen medieval.
Por último, hay que mencionar un grupo aparte de danzas, que, según parece, su frieron muy poco la influencia de la Edad Media y se han mantenido prácticamente sin transformaciones hasta nuestros días. Este sería el caso de la "sardana", de la "danza prima" de Asturias y de los bailes vascos.
Al principio, los bailes se acompañaban sólo con la voz humana. De aquí la "balada" o canción para ser bailada. Con el tiempo se enriqueció la cantidad y calidad de los instrumentos que acompañaron a la danza (a las rudimentarias flautillas y violas iniciales fueron añadiéndose las trompas, laúdes, cornamusas, etc.).



DANZA POPULAR y SEÑORIAL

La "chorea", "carola" o "ronde", danza circular, y el "tripudium", danza en tres tiempos en la que los ejecutantes bailaban individualmente, eran danzas que podía ejecutar cualquiera; simplemente consistía en marcar un ritmo simple y obstinado.
Pero las clases dominantes, culturalmente desarrolladas, en su afán de destacar del pueblo, se volvieron intérpretes más refinados e inventaron una nueva forma de danzar, de estructura variable: la "danza mensurada" o medida, en la que se seguía las indicaciones de una medida musical y de una poesía que le sirve de base. Podían clasificarse en dos grupos: de tiempo vivo, como el trotto y el saltarello, y de tiempo moderado, como la ductia, la nota o la estampida. Su objeto era encontrar la belleza formal, el equilibrio y el refinamiento.
Nace la danza culta, aunque con reglas todavía simples, produciéndose en este momento el divorcio irremisible entre ésta y la danza popular, que expresará con movimientos no sujetos a normas los sentimientos del pueblo y hará perdurar ritos cuyo sentido original ya se había perdido.



BIBLIOGRAFIA
BAJTIN, Mijai1: "La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. En el contexto de Franf'ois Rabelais", Barra} Editores. Breve biblioteca de Refor ma. Barcelona, 1974. /FOATELLI, Renée: "Les danses religieuses dans la christianisme", Editions Spes; París (s.a.)  /SCHS, Curt. "Historia Universal de la danza", Centurion. Buenos Aires (s.a.)
Ma. JOSE GILABERT




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